Convencido de
que dos no se entienden si cualquiera de ellos no quiere, el jefe de la
diplomacia estadounidense dio ayer un paso atrás en sus esfuerzos y
envió un fuerte mensaje a ambas partes, tras poner el lunes toda la
carne en el asador.
Fuentes diplomáticas en Jerusalén precisaron
ayer que la decisión de Kerry de posponer su previsto regreso a Israel y
Palestina “no significa que el proceso haya muerto o que Estados Unidos
renuncie”. “La idea es: ahí están los elementos para llegar a un
acuerdo, si cada uno cedéis y lo aceptáis, Estados Unidos está listo
para apoyarlo”, explicó la fuente, que evitó aclarar qué política
adoptará Washington si la parálisis prosigue.
De momento, los dos
contendientes no parecen dispuestos a moverse de sus posiciones, ya que
un cambio en ambos casos quizá acercaría la paz, pero demandaría
también concesiones dolorosas y sacrificios con importante coste
político difíciles de asumir en las actuales condiciones. Los palestinos
insisten en que no hay posibilidad de seguir con el diálogo en tanto el
Gobierno israelí no libere la última tanda de presos condenados antes
de los Acuerdos de Oslo (1993), que se comprometió a excarcelar en
verano.






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